Beber únicamente agua natural

La Naturaleza nos ha dado el agua como única bebida, ya que la ha puesto a nuestra disposición con mano generosa en el río, en la fuente y en el arroyo.

El agua, el aire, la luz y la tierra son los alimentos indispensables para la vida animal y vegetal. Los tres primeros los aprovechamos directamente con nuestros órganos, y la tierra indirectamente a través de los productos vegetales.

El agua es la única bebida natural y no sólo es un alimento, sino también una medicina, tanto al interior como el exterior, pues todo lo purifica al ser usada como bebida y en los baños.

Un campesino austriaco, Vicente Priessnitz, descubrió las posibilidades del agua fría para preservar y recuperar la salud. La hidroterapia fue mejorada y popularizada por el insigne cura de Woesrishoffen, Sebastián Kneipp y fue Luis Kuhne, un fabricante de muebles de Leipzig que hoy figura entre los mayores benefactores de la humanidad.

En Chile, de donde es oriundo el autor de esta obra, el padre Tadeo de Winsent difundió y enseño la hidroterapia.

Dejemos para más adelante el tratamiento del agua como agente de salud y por ahora digamos que al ser bebida nos proporciona no sólo sus elementos energéticos en disolución, es decir, energías solares, efluvios magnéticos, potencia eléctrica y aire, además de otros elementos aún no bien conocidos provenientes de la tierra, del aire y del sol.

Es por esto que la mejor agua para beber es la que desciende de la montaña y en constante movimiento se despeña y golpea en su camino. Estas condiciones y elementos mencionados caracterizan al “agua viva” apta para satisfacer nuestras necesidades fisiológicas, en oposición al “agua muerta” de pozos o lagunas estancadas, la cual es perjudicial para la salud.

Los mayores beneficios del agua se obtienen bebiéndola en pequeños sorbos y en cantidades moderadas, siempre fresca y natural, jamás hervida. Es un excelente purgante si se bebe en una cucharada cada hora y las indigestiones desaparecen en una o dos horas si se toman traguitos cortos cada 3 o 4 minutos.

Un vaso de agua en ayunas y otro en la noche es un medio fácil y seguro para mantener limpios el estómago y los intestinos. Beber agua con frecuencia y moderación es un excelente medio para eliminar las intoxicaciones.

Cuando tienen sed, los enfermos deben tomar agua fresca, al natural, en pequeños y repetidas porciones, a fin de refrescarse interiormente y disolver y eliminar los tóxicos. Las fatigas, impresiones y dolores se pasan con un vaso de agua fresca.

El agua debe beberse fuera de las comidas y al menos una o dos horas después de una comida abundante. Nunca se debe beber agua helada con el cuerpo caliente o agitado, porque se puede producir enfriamiento en los pulmones o el estómago, resultando pulmonía o catarro estomacal.

Si el agua al interior actúa como la mejor medicina, aplicada al exterior es un elemento insuperable para conservar la salud.

La Medicina Natural al Alcance de Todos, Capítulo 2, La Ley Natural.

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