El problema con los lácteos…

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La mayoría de nosotros somos lactointolerantes sin realizarlo.

«No existe otra especie que beba la leche de una especie distinta a la suya, y ninguna otra especie toma leche después de haber sido destetada», explica Dr. Abrams al profundizar en el por qué evitar, o por lo menos limitar el consumo de lácteos; comenta que en el libro Animal Vegetable Miracle*, Barbara Kingsolver expone claramente el problema con los lácteos.

Es enfático al señalar que, «se habla de intolerancia a la lactosa como si fuese una enfermedad o un desorden fisiológico, cuando en realidad es la norma, y la habilidad de digerir lácteos es una mutación genética en el segundo cromosoma, presente principalmente en los Escandinavos, quienes necesitaban digerir la leche de reno en tiempos de helada.»

Los Europeos del sur, los asiáticos, africanos, latinos y judíos sencillamente no poseemos este gen.  Por consiguiente, la mayoría de nosotros somos lactointolerantesaun cuando lo ignoremos.  Dr. Abrams siente que los lácteos realmente son tan malos para nosotros como la carne, pues se convierten en un estímulo para nuestro sistema inmunológico y porque crean mucosidad.

La comunidad científica ya percibe a los lácteos como un posible factor en el cáncer de mama y próstata, comenta, pues éstos son cánceres relacionados con lo hormonal y, aunque no sea estrógeno, a las vacas lecheras se les da hormonas de crecimiento bovino para mantenerlas produciendo leche constantemente, y también para que crezcan grandes y gordas (Big Beef).

Al nosotros consumir lácteos o carne con hormonas de crecimiento bovino, puede que no se convierta en hormona de crecimiento en nosotros, lo que fomentaría células cancerosas, no obstante, se convierte o fomenta el factor de crecimiento insulínico, lo cual causa inflamación, y peor aun, causa que las células cancerosas se dividan, que a su vez por consecuencia sí promueve el cáncer, finaliza diciendo Dr. Abrams.

*Animal Vegetable Miracle, detalla la travesía de la familia Kingsolver al intentar consumir durante todo un año, tan sólo lo que ellos mismos puedan crecer en su finca o conseguir localmente y en estación, salvo por granos y aceite.  Evitando así, por sus altos costos ecológicos y a la salud, los alimentos producidos por las grandes fincas fábricas, las cuales para que no se echen a perder sus cosechas al ser transportadas miles de millas, deben añadirles químicos.

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