Día 4

“Que tu alimento sea tu medicina y tu medicina sea tu alimento”… Hipócrates

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Nuestro cuerpo es de la calidad de los alimentos que lo forman y mantienen. En nuestros tiempos es común escuchar la frase: eres lo que comes…

Entonces, ¿por qué nos cuesta tanto aplicarla? ¿Será en gran parte porque la información emitida sobre lo que constituye una buena nutrición es contradictoria?

Sin embargo como he venido exponiendo en este blog, desde hace varios años los Hospitales más reconocidos han concluido que lo que comemos importa a tal grado, que nuestra salud depende de ello. Recomendando específicamente que nuestra alimentación diaria esté conformada en gran parte a base de frutas y vegetales.

Un nuevo estudio con una base de 65,226 hombres y mujeres, publicado en Inglaterra, indica que mientras más frutas y vegetales comen las personas al día, menos probabilidades tienen de morir – a cualquier edad.

Impresionante aseveración, ¿no? El estudio contempló la mortalidad en general, así como muertes por cáncer, enfermedad coronaria y derrame, y concluyó que el riesgo de muerte prematura por cualquier causa, disminuía en la medida que el consumo de frutas y vegetales aumentaba.

Específicamente disminuía en 42% en las personas que consumían 7 porciones o más de frutas y vegetales al día. Destacándose los vegetales frescos por su fuerte efecto protector, seguido de ensaladas de hojas y luego frutas. El jugo de frutas no confería beneficio alguno.

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La Dra. Oyinlola Oyebode, investigadora principal del estudio concluye: “El claro mensaje aquí es, mientras más frutas y vegetales consumas, tendrás menos probabilidad de morir – a cualquier edad.” Añadiendo que, el tamaño del efecto es “asombroso”.

Más para Lezaeta esto no sería una sorpresa, pues aseveraba que saber alimentarse era la condición indispensable para conservar y recuperar la salud; y que todas las enfermedades catalogadas obedecían a una causa única: nutrición inadecuada.

La alimentación natural, explicaba, era el medio seguro para evitar enfermarse, pues todas las funciones orgánicas dependen de la calidad de la sangre, la cual es producto de la nutrición general y especialmente de la digestión.

Determinando que esta alimentación natural constituía la nutrición normal, aquella que le proporciona al organismo lo que necesita, sin exigirle esfuerzo o dejarle impurezas.

Por esto decía que la salud en última instancia dependía de la nutrición. Así, una sangre nutrida por frutas, semillas y vegetales crudos sería fluida, vitalizada y alcalina, exenta de materias ácidas, pues aun las frutas más ácidas tienen una reacción alcalina en la sangre.

En el camino a la salud concluye Lezaeta, existen por lo menos tres etapas: 1. conocer la verdad; 2. comprenderla y 3. realizarla.

Régimen

Al despertar baño de agua fria y enseguida de vuelta a la cama hasta recuperar la temperatura normal del cuerpo.

6:00 Desayuno: fruta ácida. Piña
8:00 Baño de agua con hielo –
9:00 Sandía
11:00 Merienda: guineos al gusto
12:30 Almuerzo: Ensalada de vegetales frescos – zanahoria, rábano, tomate hidropónico, cebolla morada, cilantro, cebollina, pesto.
2:30 Merienda: 11 almendras o mås si lo desean.
4:00 Merienda: Pitahaya
6:30 Cena: Ensalada griega sencilla – pepino, tomate, cebolla morada
8:00 Snack: dos tazas de papaya picada

Compresa de agua fría antes de dormir

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